Entrevista a Pablo Lemoine
Por Mariel Varela
¿Cómo fueron tus inicios en el rugby?
Empecé a los once en el colegio pero era muy
light. Y a los trece años en el Cricket.
¿Qué te motivó? ¿Hubo alguien que te llevó
o empezaste porque te gustaba?
No, era un apasionado. Y los mismos técnicos
que teníamos en el colegio invitaron a una cantidad de jugadores y a mí
no me invitaron porque tenía muy mala conducta, pero al final decidí ir
igual. Llegué al club y tuve problemas de conducta con un par de
jugadores, con profesores, con todos, pero igual me quedé y me hice
fanático.
¿Cómo fue el entrenamiento al principio?
¿Te costó mucho la disciplina?
Al principio sí, porque todos los deportes
que había hecho antes no eran ni de contacto, ni físicos, y eran casi
todos deportes de salón. Jugué al basketball y al fútbol de salón, hice
natación. Hacer un deporte al aire libre te cambia un poco todo. Tanta
disciplina como el rugby, tanta corrección, tantos valores, tantas
cosas. A mí, que era un alma medio complicadita, se me hizo difícil al
principio, pero me tuve que adaptar, como todo.
¿Te ayudó a disciplinarte el rugby?
Si, yo creo que es una escuela de cultura
para los chicos. Mucho más educativa que otros deportes. Soy un
agradecido al rugby porque vaya a saber en lo que hubiese terminado uno
si no hubiese llegado a esa línea.
¿Cuál es la importancia del trabajo en
equipo para el rugby?
El rugby es un conjunto de fuerzas
individuales que ayudan al conjunto. Sin lugar a dudas que el trabajo en
equipo te enseña una cantidad de cosas. Porque la familia es un equipo,
tu grupo de amigos y de trabajo tiene que ser un equipo. El rugby te da
una disciplina, un plus frente a una persona que nunca hizo un deporte
de equipo: le va a costar mucho más adaptarse a las demás personas.
¿Hoy entrenás menos, igual o más que al
inicio?
Más. Entreno mucho más en lo que es lo
privado, entreno mucho más yo. Me preocupo de ir al gimnasio, con
preparador físico siempre. Hoy por hoy tengo una conducta profesional.
Capaz que antes pensaba mucho más en el grupo de amigos u otras cosas, y
dejaba un poco de lado lo que era la línea de entrenamiento, las
obligaciones que uno tiene cuando se mete en un trabajo de equipo.
Cuando era amateur era muy profesional porque me encantaba ser más que
los demás, entrenaba más. Pero hoy soy mucho más serio, conozco mucho
más el entrenamiento y diferencio muy rápido mis dificultades.
¿Cuál fue tu primer partido importante?
Tengo grandes partidos importantes en mi
carrera. Creo que uno de los partidos que más me debe de haber marcado
fue la primera final que jugué con Cricket en menores de 15 años. Una
final contra British que era el cuco del campeonato, una categoría muy
dotada, jugadores excelentes, que habían tenido muchos logros ya de
chicos. Había todo un circo en torno a ellos, y nos tocó enfrentarlos
con un cuadro del club y salimos campeones. Creo que fue un partido que
me marcó porque, aparte de haberlo jugado con los mismos amigos que
tengo hoy después de 15 años, fue el antes y el después de la hegemonía
de los colegios en esas categorías. El club dio un paso importante para
esa categoría que después volcó muchos jugadores seleccionados. Ese
partido fue el comienzo de una historia medio increíble para un club
como Cricket que nunca había tenido grande fama de las categorías
inferiores. Era un club sufrido y ahí empezamos a levantar y tuvimos
grandes éxitos.
¿Qué significa para vos jugar en la
selección?
Yo creo que la selección es el premio al
trabajo. El que trabaja en Uruguay, juega en la selección. A mi me tocó
ser capitán en menores de 19, ir a dos mundiales. Siempre en base a
trabajar y tratar de ser el mejor, y todo lo obtuve con laburo y ganas.
El que trabaja llega. El que no trabaja y deja pasar las oportunidades
no llega. Y para mí la selección es un orgullo enorme porque, aparte de
ser el premio por haber hecho tanto esfuerzo, representar a tu país es
importantísimo. De los momentos que me han marcado más ha sido los
himnos con Uruguay, los partidos y definiciones importantes, la primera
clasificación al mundial, el primer capitanato.
¿Cómo viviste la eliminación de Uruguay
del mundial?
Si la selección es el premio a los esfuerzos
de cada jugador, en el caso del período pasado, no lo fue. Había
jugadores que no merecían estar, que no habían hecho ningún esfuerzo.
Creo que el cuerpo técnico tampoco merecía estar. Era como una
imposición de parte de los directivos. Fue una imposición política de
técnicos, y esos técnicos a su vez impusieron jugadores. Y Uruguay no
tiene un nivel tal como para hacer todas las cosas mal durante dos
o tres años, y después en tres meses tratar de recuperar todo. La no
clasificación fue el resultado de un trabajo mal hecho.
¿Crees que el rugby puede llegar a
alcanzar la popularidad que tiene el fútbol en nuestro país?
Creo que es imposible. Vas a tener muchos
rugbistas que miran fútbol y pocos futboleros que miran rugby. Eso es
una media porque el uruguayo tiene el fútbol incorporado y no el rugby.
Lo que yo creo es que la segunda posición como deporte en Uruguay si
está virgen. Es el basketball el número dos pero es muy fácil de sacar
ese puesto con algo bien armado, con la popularidad que tuvo el rugby en
el año 99 o 2000, cuando fue al mundial. Con todos esos signos de
popularidad yo creo que el rugby hubiese tenido la posibilidad de
posicionarse mucho mejor de lo que está. Se hicieron las cosas mal, se
mantuvieron estructuras que no servían, no se utilizó marketing ni
publicidad, y el rugby se estancó. No fue interesante para los sponsors
ni para el público.
¿ Cuánto hace que
jugás en el exterior y dónde jugaste?
Hace diez años que juego afuera. Jugué dos
años en Bristol, Inglaterra; siete años en Paris, en Stade Francés; y un
año en Montauban, Francia.

¿Qué significó jugar en el exterior? ¿Cómo
viviste el cambio?
Lo más difícil de todo fue separarme del
club. Tenía mis amigos, mi vida en torno al club. Era más que mi grupo
de amigos, mi segunda familia. Tenía mi familia y el club. Yo sabía que
siempre había alguien para escucharme, alguien para apoyarme. Era un
grupo muy unido: salíamos todos juntos, nos íbamos para Punta del Este
todos juntos, hacíamos asados casi todos los días de la semana. Lo más
duro fue eso, separarme del club y lo viví mal. Tuve meses, o más bien
años, que nunca corté el vínculo: hablaba por teléfono todos los días
con mis amigos, mandaba cartas, mandaba charlas para antes de los
partidos. Me hice presente en el club no estando. Estaba pendiente de si
ganaban, perdían, escuchaba distintas campanas, y no corté el cordón
jamás. Me costó tres o cuatro años empezar a darme cuenta de que tenía
que disfrutar más donde estaba.
¿Por qué crees que te costó tanto
despegarte del club?
Porque el club es como mi casa. Cricket
deportivamente, a veces, no tiene grandes logros pero tiene grandes
personas, grandes formadores, y una filosofía muy particular. Nunca le
voy a poder devolver al club lo que dio. El club me formó: era un tipo
que me rebelaba contra todo, tenía mala conducta, era pesado, muy malo
en muchas cosas. El rugby me puso en una línea, y si la seguía me iba a
ir bien. Ahí está lo importante de la formación del club: que te den la
línea y te ayuden a seguirla.
¿Qué significa ser primera línea?
Es una contradicción enorme el primera línea
porque es el que toca menos la pelota, que disfruta menos del partido,
que sufre más, pero por el otro lado, tenés un placer enorme porque el
equipo puede perder, pero si vos le ganaste a tu primera línea de
enfrente es como que vos ganaste un partido. Los primera línea son tipos
osados, de carecer, líderes, que en sus opiniones son reservados pero
con ideas muy seguras. Es un puesto muy particular y de muchísimo
sacrificio: mucho más trabajo individual y técnico, mayor preparación
física. Pero, sin lugar a dudas, a mi me parece el puesto más lindo del
rugby. Y es el único puesto donde, si no está el primera línea, no se
puede jugar al rugby. Y ahí está su importancia. Es un puesto que tiene
una filosofía muy particular. El primera línea no es cualquiera sino que
tiene que ser una persona diferente al resto.
¿Qué consejo le darías a los chicos que
recién empiezan?
Lo principal es que disfruten: que sientan el
deporte. Que hagan disfrutar a su familia, que creo que eso es lo mejor
que puede haber. Salir solo de tu casa es una cosa, pero que vaya tu
padre contigo porque tiene una clase de tenis, o porque va a tomar mate
con los padres de los chicos del club, es otra cosa. Esa seguridad que
te permite pensar que estás en el buen camino. Una de las cosas que
estamos buscando es que los chicos integren a su familia al club. No nos
sirve tener 300 chicos jugando al rugby pero que no tenga integración la
familia. Lo importante es que sea un club de familia.
¿Cómo ves al club hoy y como lo veías
cuando te fuiste?
Veo grandes cambios en el club: tiene una
estructura de inferiores armada, tiene gente, preparadores físicos. El
club es otra cosa. Seguramente veo peores resultados que cuando me fui,
pero veo inferiores, veo chicos que quieren ser parte del club, que es
lo importante. Había chicos que lloraban después de perder un partido.
Eso es porque son parte del club, y yo, que soy fanático de Cricket, veo
esas cosas y siento fanatismo por ellos. Esos son los chicos que el club
necesita. Hay chiquitos de todas las edades jugando siempre, y siendo
fanáticos del club. Eso es lo que cuando me fui no estaba. Es cierto,
había mejores resultados en primera división y en reserva. Pero yo
prefiero el club de hoy. Lo único que no me gusta es que no lo puedo
disfrutar porque no estoy. Pero es el club que quiero.
¿Qué hay en tu club que en el exterior no
tenés?
Lo primero es que hay una gran diferencia
entre el amauterismo y el profesionalismo. Lo segundo es la famosa frase
del amor a la camiseta, que existe y es palpable en estos casos. Yo por
el Cricket daba mucho en todo sentido: mis horas, sacrificar el tiempo
de mi familia, mis amigos. Y afuera no es así. Por ejemplo, al Stade
Francés lo sentía como mi club en el exterior: estuve siete años, gané
títulos de Francia, jugué finales de Copa Europa. Estuve muy cerca de
crear el vínculo, pero jamás se me va a despertar lo que se me puede
llegar a despertar de jugar un partido con Cricket. Lo que puedo llegar
a sentir en el primer partido que vuelva a jugar con Cricket, no
lo voy a sentir ni que juegue una final de la copa del mundo. Va más
allá de los intereses y de lo que pude llegar a lograr saliendo campeón
de Francia o de Europa.
Yo siempre que jugué una final me puse abajo
la camiseta del club porque necesitaba que esté conmigo para rendir de
otra manera, jugar otro partido. Una cosa es ser amateur, sentimientos
reales, y otra es el profesionalismo, de lo que uno trabaja. Tiene que
ver con los sentimientos y es imposible de explicar. Si hoy me decis
porque esa pasión, porque es Cricket lo que es en mí y no te puedo decir
por tal hecho, tal día. Es una suma de vivencias, momentos, de gente. Yo
llego y sé que siempre va a haber alguno para sentarse al lado del
fuego, tomar un mate y conversar de un partido, y buscar soluciones.
¿Pensás algún día volver a jugar en
Cricket?
Si, mi objetivo es jugar un par de años más
afuera, y después retirarme en el club. No me permitiría no hacerlo.
Sería defraudar al club, a las inferiores del día de hoy que mañana
serán los jugadores de primera, y capaz que están esperando una vuelta
mía o de cualquier otro jugador del club que esté jugando afuera para
darles una mano. Si alguna vez fui una imagen a seguir para ellos, que
me sigan más de cerca. Ayudarlos a entrenar, a ser mejores, y creo que
esa es mi función. Significaría volver para cumplir una asignatura
pendiente. Porque cuando me fui había jugado tres años en primera en el
club, y jugué once años afuera. En Paris jugué más años que en el club.
Y debo haber tenido más prácticas en dos años allá que en toda mi vida
en Cricket. Pero el club está por delante del Stare Francés que me dio
campeonatos, me hizo ser famoso, y me ayudó a despegar en mi carrera.